Ser terapeuta con cannabis medicinal: con poco se logra todo

La decisión de tomar el cannabis medicinal como rienda para encaminarme a mi propio camino de reto personal nunca fue una coincidencia ni casualidad, más bien una causalidad de la que me siento muy orgullosa y honrada. Tras compartir con un grandioso cultivador en Colombia, con quien viví muchas experiencias y tras entender cómo la vida misma y las circunstancias que a ella subyacen me fue acomodando en este sendero, hoy puedo decir que tras tres años siento que apenas es el inicio y se necesita mucho más aún.

Ese sentir de que falta, viene desde mi interior; como necesitar ayuda, más materiales, más tiempo, más, más de mí para seguir compartiendo, como reto personal para brindarle lo mejor a cada persona que se acerca. Y es que cada paciente, literalmente un viviente de la paciencia como tal es un maestro o maestra. Cada persona que sabiendo, no soy médica pero sí contengo una serie de información que pueden ayudarles a seguir el paso a paso de sus vidas con mejor calidad, cada ser que aguarda a que pueda responderles por whatsaap o por mensaje directo su primer petición de ayuda hasta que el trajín de cada día me permita sentarme a ver mi celular con calma, que se desplaza para vernos, para compartirnos unas miradas, una conversación sobre sus situaciones de salud, para revisar su historial clínico y darle un vistazo a sus exámenes de sangre y orina, para buscar en mi la sabiduría que debo tener para responder a sus inquietudes, para confirmarles que siempre hay mucho por hacer, para brindarles información de cómo usar plantas medicinales en su dieta y vida diarias y finalmente, no menos importante, brindarles orientación en cómo recibir a la grandiosa marihuana o cannabis en sus vidas, cada uno de ellos es la razón de ser y de seguir en esta ruta.

La mezcla de la impotencia y la rabia por escucharlos decir cómo tantos otros seres los desaniman, los condenan, los abandonan y señalan, la esperanza que se siembra entre nosotres, cuando con cada uno o cada una analizamos desde distintos puntos de vista, cómo el cuerpo enfermo en muchas ocasiones está reflejando años de carga emocional, o cómo se conectan el cuerpo físico con constructos mentales y cómo darle una oportunidad a una planta de cannabis para hacer algo por sus vidas, es el día a día coexistiendo con esta labor.

En el Perú, tenemos una serie de situaciones que podrían desfavorecer nuestra labor como terapeutas al servicio de la planta, sin ánimo de hacerlo un asunto de culpas o de juzgamientos, el sistema mismo se ha prestado para que las cosas se den, avancen y estén donde están ahora, con una ley que aprueba el uso medicinal del cannabis pero aún en camino a la reglamentación prometida y que aún no se establece de forma concreta. Cuestión de paciencia, tendrá que llegar, porque esta es una necesidad creciente y diciente, las personas, o según lo ven mis ojos están cada vez más enfermas, más intoxicadas, más angustiadas y más confundidas, y cada vez son más quienes se animan a dejar de lado prejuicios, dichos, comentarios y teorías de vieja data, para buscar, por sus medios posibles al aceite, a la resina, a la planta, al ungüento, y a lo que sea que les calme el dolor, el desespero, las náuseas, las convulsiones, las noches en vela, la depresión, la fatiga, el malestar. Hay poco, en comparación con lugares en donde es alucinante ver tiendas que venden parafernalia y todo tipo de accesorios para el consumo de la planta, o donde incluso hay boticas que con fórmula médica venden derivados del cannabis y hasta máquinas dispensadoras en las que se adquieren las flores aptas para su consumo, pero a la vez hay todo por hacer. El reto de saberse cómplice de algo que dicen que es “ilegal” pero que a la vez el dolor, los medicamentos que no funcionan y la angustia de personas o hasta de familias enteras no lo es, como no es ilegal decidir bajo completa facultad mental de la voluntad propia y de la conciencia adquirida el querer una mejor calidad de vida, como tampoco es sentirse mejor luego de tomar por unos días las gotas y experimentar cómo ese fantasma llamado enfermedad se puede desdibujar y transformar, esas son cosas que no tienen precio pero sí mucho valor.
Ese poco que aún tenemos en Perú, donde aún esperamos a ver lo que pueda llegar a pasar, ese poco ha sido enormemente fértil y poderoso; con poco, con enormes deseos de que sea mucho mejor y más, hemos podido darle alas a algunos tratamientos, a ver el rostro de los seres que tras unos días de tomar su medicina se iluminan. Con ese poco, hemos podido no solo ver al cannabis como alternativa, sino entender que hay muchas más plantas que pueden acompañarla para ayudarnos a sanar, ese poco curioso que pregunta por gotas de CBD, que se explica ante la gente para indicarles que el THC también es súper medicinal y que no hay que tenerle miedo, ese poco que se extiende a hablar sobre ratios, sobre terpenos, sobre dieta, sobre ejercicios de yoga, a hablar de cepas, de cómo tantas cosas que sí son legales nos envenenan y se venden en cada esquina, a movernos y reprogramarnos el chip, ese poco es un potencial, es un gigante que aún está en crecimiento.

Acojo con amor el mensaje que por mandato superior me ha sido entregado, me siento parte de la solución y no del problema, me siento retada a cada día consultar las guías, los vademecum de plantas, los reportes científicos, las noticias de la ciencia en torno al cannabis, a dialogar con cuánto médico de cualquier especialidad me sea permitido para explorar más el tema, y me siento feliz de poderle brindar orientación a quienes llegan con miles de dudas a responderse a sí mismos el camino a seguir. Lo acojo y lo continuaré realizando hasta donde me sea permitido, lo acojo como me acojo al juramento hipocrático, a la ética, al llamado del ser a servir sin mirar a quién, a seguir siendo una estudiosa apasionada por las plantas, a brindar lo mejor en cada33 oportunidad, por que la terapeuta soy yo, pero mi yo se expande y se multiplica con cada persona, con cada caso, con cada momento en sintonía con ella, la planta de cannabis.
El cannabis es nuestra esperanza, es la mía, la de quienes me dicen “doctora, ¿usted cree que pueda ayudarme?”, la de quienes ven su mejoría, la de los que ni siquiera con cannabis logran aún sentirse muy bien pero saben que todo es perfecto tal como tiene que ser, que no es una panacea ni milagro, que es una más de las muchas plantas a nuestro servicio, pero que es la reina de todas.