Hola mi nombre es Pilar Guerra Uribe, actualmente tengo 43 años, tengo 3 hijos y soy enfermera especialista en cuidados intensivos neonatales, trabajo en el Hospital Regional de Huacho, Lima, Perú.

A principios del 2016 comencé a experimentar una serie de síntomas: vasculitis en miembros inferiores, pérdida de peso, dolor de espalda, tos seca, fiebre, sudoración nocturna, picazón en todo el cuerpo y cansancio; mes y medio después de realizarme muchos exámenes en Junio fui diagnosticada con Tumor de Células Germinales (TCG) en el mediastino (espacio entre los dos pulmones), empezaron de inmediato las quimioterapias cuyos efectos secundarios fueron terribles: nauseas, vómitos, debilidad, sensación de calor en el esófago, ardor en la cara y el cuerpo, manchas marrones en la piel en forma de rasguños (las mismas que luego se llenaron de herpes), latidos cardiacos lentos y débiles, tal es asi que suspendieron un medicamento (Bleomicina) porque casi tuve un paro cardiaco luego de su administración. Todas estas reacciones se hacían más intensas con cada quimioterapia y me daban pastillas para acelerar mis latidos cardiacos.

A fines de setiembre terminé con las 20 quimioterapias y al cabo de 3 o 4 semanas mientras me realizaban exámenes de control me vuelve a dar fiebre y se me inflaman los ganglios del cuello, fui derivada al especialista ya que tenía dificultad para pasar los alimentos; me dijo el médico que la enfermedad continuaba activa y que debían operarme para retirar el tumor del mediastino.

Mi esposo al verme en mal estado me comentó que había leído sobre terapias con cannabis y me propuso tomar aceite ya que le habían regalado un gotero; al principio me negué por razones que muchas personas tienen “temor a la adicción” y cosas como “me voy a drogar”, etc. Ahora sé que nada de eso es cierto. Finalmente acepté y a fines de octubre empecé a tomarlo 3 veces al dia hasta terminar el gotero, al cabo de unos días los ganglios desinflamaron en su totalidad.

Fui operada en diciembre y para sorpresa del cirujano encuentra dos tumores, al ser analizados me dan como diagnóstico Linfoma de Hodgkin Clásico con esclerosis nodular para lo cual debía iniciar un nuevo esquema de quimioterapia. En busca de más aceite de cannabis mi esposo consiguió una extracción de cannabis muy densa de color negro conocida como “resina” y me la ponía debajo de la lengua dos veces al dia, eso me ayudó mucho con el dolor post cirugía, mejoró mi sueño, el apetito y el estado de ánimo.

En febrero del 2017 inicié con las otras quimioterapias (me programaron 12) pero me ocasionaban mucho dolor en los huesos que no calmaba con ningún analgésico. Se había terminado la resina y no conseguíamos aceite; no podía dormir por el dolor y estaba muy débil. En dos oportunidades fumé cannabis y noté que pude dormir 4 horas seguidas despertando sin dolor. Entonces compramos un vaporizador de hierba y lo usaba 3 veces al día  nos guiábamos de lo que había leído mi esposo en internet, pero era consciente de que necesitaba un médico especialista en cannabis medicinal.

A fines de mayo decidimos dejar las quimioterapias porque nos dimos cuenta que cuando usaba el cannabis me recuperaba y cuando me ponía la quimio otra vez decaía. Tuvimos que llegar a un acuerdo con mi doctora: ella seguiría haciendo mis controles mensuales y si la terapia con cannabis no resultaba, yo regresaría a las quimioterapias. En mis controles de junio y julio mis marcadores tumorales salieron normales, en agosto se eleva ligeramente pero en setiembre logré tener una consulta con el Dr. Sergio Sánchez Bustos de Chile quien me indica la terapia de cannabis con THC al 20% por un año y vaporizar 2gr de flores secas al día.

Todos mis exámenes han salido normales hasta la fecha, me he reintegrado a mi trabajo en mayo del 2018 y actualmente continúo consumiendo cannabis como terapia de mantenimiento.