Publicado por Cáñamo, link original: https://www.canamo.cl/las-consultas-en-confinamiento-del-doctor-diego-cruz/

Por Paulo Matus González

Son cerca de las nueve de la mañana y comienza una jornada de consultas para Diego Cruz, médico-cirujano de Fundación Daya. En el pasado, ha conversado de los beneficios del cannabis terapéutico, pero hoy también reflexiona con sus pacientes acerca de la crisis sanitaria del covid y los efectos sociales de la pandemia. “Los síntomas del encierro son muy importantes y el cannabis resulta una buena alternativa ”, nos comenta en un espacio que se dio entre consultas virtuales.

El desarrollo de la telemedicina ha sido una pieza clave y disruptiva en respuesta a la crisis sanitaria del covid-19. De ahí que, en Fundación Daya integraron aquella innovación tecnológica para continuar con su atención y así favorecer en la asistencia médica de los usuarios de cannabis medicinal. Incluso, los diferentes profesionales de la institución, han aprovechado la oportunidad para compartir información a la comunidad en diversos ciclos de talleres online que se realizan en la semana: desde autocultivo de cannabis medicinal hasta sesiones terapéuticas de chi kung.

Durante este periodo de pandemia, en Fundación Daya adoptaron el trabajo de consultas por videoconferencia, ¿cómo ha sido el resultado de la atención médica?

Ha funcionado bastante bien porque podemos atender a personas a las que antes no llegábamos. Siendo que es muy diversa la cantidad de pacientes y las patologías que atendemos, algunos de ellos están en situaciones clínicas muy avanzadas donde es muy difícil su traslado. Pero la telemedicina nos ha facilitado solucionar ese problema. Por otro lado, afortunadamente nos tocó desarrollar este sistema de atención en un contexto de época de cosecha y mucha gente se nos ha acercado para orientarse desde las dosificaciones hasta para conocer información acerca de tipos de preparaciones que existen con cannabis.

Desde esa experiencia, ¿cuáles son los desafíos que se vienen para continuar con el desarrollo del sistema de telemedicina?

Mientras las personas no tengan su propio cultivo, se nos viene el desafío de capacitar a la población, al menos a quienes acceso a estas tecnologías. Por otro lado, también se podría generar un sistema que facilite la dosificación de aceites, flores para vaporizar y preparados tópicos. Sin pretender potenciar el narcotráfico, sino como una red solidaria de cultivo que ayude a la gente que se está iniciando o que tiene apuro por las complicaciones de su patología. Lo que urge hoy es mejorar la red solidaria en la que participa la gente, porque actualmente no tenemos un fitofármaco de acceso ético. Por lo que, en temas de salud pública, sería muy interesante potenciar la telemedicina y que veamos esto desde la atención primaria. Hay que hacerlo desde lo comunitario, desde las poblaciones donde la gente se organiza.

Lo planteas como una forma de democratizar la información.

Sin duda, el acceso a cualquier tipo de información es lo principal. En este momento, parece que la información médica pertenece a los círculos médicos, cuando en realidad lo importante es educar a la población. El cannabis es un buen ejemplo para explicar eso porque los médicos no sabíamos nada acerca de cannabis y la comunidad vino a enseñarnos. Hay ciertos saberes que la academia no los toma y el cannabis fue dejado de lado por mucho tiempo hasta hace muy poco. Ahora es distinto. En Chile, por ejemplo, hay jóvenes que están haciendo tesis relacionadas al cannabis desde diferentes áreas; en salud, ingeniería, gastronomía, y para qué hablar de bioquímica.

Es lógico que el trabajo del Ministerio de Salud esté concentrado en tomar medidas para manejar la crisis sanitaria del covid, pero ¿qué sucede con los pacientes con otras patologías?

Hay mucha preocupación porque todos los pabellones electivos están detenidos y la gente que debe realizarse exámenes tendrá que esperar. Hay muchos pacientes que no tienen actualizadas sus recetas. Vemos dificultades de acceso para tratamientos de kinesiología o para terapia ocupacional. Hay quimioterapias y radioterapias que se están realizando, pero tampoco son los tiempos de antes. Entonces, hay una sensación de abandono y esto sucede porque el gobierno ha descuidado la atención primaria, donde se atiende el 80% de la población. Hay una oportunidad con la telemedicina, pero los procedimientos que requieren interacción van a quedar con un vacío. Sobre todo, en aquellos chicos con trastorno espectro autista que estaban acostumbrados a un rutina que ahora cambió. Además, la ausencia de clases tendrá un efecto en la población porque la socialización en una edad temprana es lo que, muchas veces, te marca como ser humano.

¿Cuáles son los problemas comunes que has escuchado en tus consultas?

La tercera edad está con importante niveles de angustia y preocupación. Cuando uno habla con ellos te das cuenta que es lo primero a lo que se refieren. Están nerviosos porque piensan que pueden contagiarse, pero quieren salir y abrazar a sus familias. En esos casos, el uso de cannabinoides en dosis adecuada, normalmente bajas en tercera edad, anda muy bien en el manejo de la angustia. Además, hemos visto que este grupo de pacientes se lleva muy bien con el cannabis.

En redes sociales se ha conversado bastante acerca del uso de cannabis para disminuir la ansiedad provocada por el confinamiento, ¿cuál es tu recomendación para lidiar con los efectos psicológicos que deja el aislamiento social?

Hay síntomas comunes que se producen en el encierro. La ansiedad, la depresión, pero también está el problema de que muchos de nuestros pacientes tienen que tener terapias físicas regulares y están entorpecidas por la situación actual. Así que, desde el punto de vista medicinal, hemos visto que el cannabis resulta ser una buena alternativa. Destacaría que se debe evitar el consumo pirolítico y que es muy importante encontrar la menor dosis efectiva para no perder la efectividad. En la actualidad, cada vez se está incorporando el cannabis en los botiquines de las personas y lo están ocupando para muchas cosas: para las náuseas, para los cólicos, las cefaleas o la espasticidad. Por ejemplo, el dolor siempre ha sido una dimensión difícil de manejar, así como su sucede con el sueño, y resulta que el cannabis es una buena herramienta, pero no la definitiva.

¿A qué te refieres?

Muchas veces no se logra conciliar el sueño con cannabis ni tampoco se logra un buen control del dolor. Cannabis no es un buen analgésico como tal porque difícilmente te deja el malestar en cero. Más bien, te disocia del dolor e indirectamente los mecanismos antiinflamatorios permiten que los efectos se sientan menos con el tiempo. Por ejemplo, el CBD es mejor antiinflamatorio que analgésico y la reducción del dolor se observa con el pasar de los días. Además, lo importante es complementar con otras actividades, como ejercicios, una alimentación saludable y socializar, dentro de las oportunidad que nos permite la pandemia.

¿Y a ti, cómo te ha funcionado el uso de cannabis para bajar los niveles de ansiedad?

En exceso puede jugar en contra. Por eso recomiendo que lo mejor para la angustia es la actividad física, mover el cuerpo. A mí, el cannabis me ha ayudado con el bruxismo, con los dolores de espalda después de estar sentado ocho horas frente a una pantalla. Así que, busco alternativas de uso tópico, o también dosis bajas de leche o mantequilla cannábica, lo que anda super bien para esos malestares. Un buen vaporizador también es esencial y, en este periodo, me han sorprendido las bajas temperaturas. Por fin estoy superando mi amor al humo y ahora entiendo que la vaporización de cannabinoides, a una temperatura de 156 grados, también tiene cosas interesantes.

A principios de abril, un estudio informó que fumar marihuana aumentaba el riesgo de covid,  ¿cuál es tu perspectiva médica acerca de ese enunciado?

Fumar sí es un irritante en las vías respiratorias y, por lo tanto, podría aumentar el riesgo. Pero fumar es una patita del mundo cannábico. Cada vez hay más gente ocupando vaporizador, aceite, cremas tópicas como también otros formatos. Entonces, hay que decirlo: fumar nunca será un formato saludable y derechamente sí puede aumentar tu riesgo. Además, hay que considerar que los fumadores son sociables y cuando se fuma siempre es en compañía. Pero esos rituales deberían cambiar después de la pandemia, como imagino que sucederá en Argentina con el mate. Por otro lado, decir que el cannabis o el uso de cannabinoides aumenta el riesgo de covid es falso. Es más, se están haciendo estudios clínico con cannabinoides para la prevención del contagio. Entonces, hay que separar la acción de fumar con la palabra cannabis.

Pareciera que aún existe el desconocimiento acerca de las propiedades del cannabis y sus diferentes usos. En ese sentido, ¿cuáles son las tareas del mundo cannábico para seguir avanzando en el tema?

El primer compromiso del activismo, en tiempos de aislamiento. debe ser la educación hacia la población. Creo que es la estrategia que debemos adoptar como mundo cannábico, en especial en este momento donde hay talleres por todos lados. En la actualidad, hay mucha información de buena calidad respecto al cannabis. Hace poco se realizó un seminario en Colombia acerca de la endomedicina y el nivel de presentaciones eran increíbles porque en otros países se están realizando muchas investigaciones en torno al cannabis. Mientras tanto, Fundación Epistemonikos dice que el mundo científico cada vez estaba menos interesado en el cannabis. Lo que no podría ser una falacia más grande. Entonces, la primera parte es la educación y la segunda es normalizar. Entender que el cannabis existe, que es una planta que no produce daño y que, hasta el día de hoy, nadie ha muerto por su consumo.

Pero en los últimos 10 años, la discusión nacional se ha concentrado en el uso de cannabis medicinal y postergando el tema del uso recreacional. ¿Hacia dónde podríamos llevar la conversación para integrar ambos conceptos?

En lo personal, a mí me gusta separar los conceptos en uso recreacional y uso personal, porque muchas veces el recrearse también es un acto de salud. Entonces, debemos comenzar a hablar del uso adulto y responsable, pero tan pronto la parte medicinal establezca los riesgos que esto puede tener. Debemos pavimentar la parte medicinal para que los médicos entiendan que el cannabis no mata a nadie,  y así el uso personal va a agarrar más peso. Entonces, cuando entiendan que no hay una dosis letal, van a bajar las preocupaciones. Necesitamos ese cambio cultural y esa discusión se va a dar de forma secundaria a la parte medicinal.

Para finalizar, ¿qué proyectos a corto plazo se vienen en Fundación Daya?

En el corto plazo se viene Daya Educa, que es la parte educativa de Fundación Daya se ha estado potenciando. Gracias a la telemedicina, el área clínica está firme y funcionando. Tenemos un buen flujo de pacientes, y están todos y todas invitados a ser parte de esto. Lo siguiente es potenciar un grupo de gente joven que esté dispuesta a motivar al resto a comenzar con su autocultivo. Es un tema que siempre ha sido nuestra trinchera y bandera de lucha, y que también es un acto político. Hoy mucha gente no se atreve a producir su medicina en casa porque lo ven difícil, pero hay una nueva generación de jóvenes cultivadores que podrían colaborar con la tercera edad. Quizás ir a las casas de personas con dificultad de movimiento y así generar una comunidad solidaria.

¿Ves un panorama positivo para los usuarios de cannabis después del ajuste ministerial donde asume el doctor Enrique Paris?, quien en el pasado ha defendido el uso terapéutico de la marihuana.

En teoría sí, pero realmente no sé. Primero, en este momento todo sugiere que el tema del cannabis va a estar al final de la tabla. Y, segundo, muchas autoridades han cambiado el discurso cuando están en el poder. Sin intenciones de desprestigiar, pero la doctora Izkia Siches era pro cannabis antes de ser presidenta del Colegio Médico y ahora está en contra. Así que, yo no le pongo todas las fichas al doctor Paris porque me cuesta confiar en las autoridades y más en un gobierno de derecha. Ojalá que sí ocurra, pero no quiero creer que van a pasar cosas. Es parte de mi formación y siempre prefiero esperar lo peor. A veces, es la mejor manera de enfrentar la vida.