“La cannabis no es la panacea ni les va a servir a todos, pero lo que voy a defender hasta que me muera es el derecho a intentar y que nadie me tiene que decir con qué medicina tratarme; que yo, como paciente, reciba toda la información y decida qué es mejor”, señala. 

MIJAIL PALACIOS

“Nos educan sin darnos herramientas para afrontar muchas cosas en la vida. Todo se quiere tapar con cosas frívolas o con una pastilla para bloquearte”, reflexiona Francesca Brivio (Renzo Salazar/Perú21).

De ojos luminosos y sonrisa traviesa, sale vestida de negro hasta los tobillos. Lleva un pin de un corazón goteando sangre. “Y aquí también”, nos dice mientras enseña el tatuaje en su muñeca. “Tengo cicatrices por todos lados, me encantan. Creo que por eso tengo tantos tatuajes”, añade. Son como heridas de guerra, de batallas que Francesca Brivio libra desde hace nueve años, cuando le detectaron mastocitosis sistémica, una rara enfermedad –crónica y sin cura– que provoca arritmias, problemas digestivos, visión borrosa, dolores de cabeza, depresión, debilidad. Ella encontró en la cannabis medicinal lo más parecido a la cura para su mal. Ese testimonio lo dará en TEDxBarriosAltos, encuentro que difunde ideas que generen impacto en la sociedad. Esta segunda edición en Lima será el sábado 29 de setiembre, en el Convento de la Buena Muerte (entradas en Joinnus). Para Francesca, la vida es como una película. Sueña con hacer un largometraje y tener su orfanato, guiones que ya empieza a escribir.

Hace menos de un año publicaste un testimonio donde relatabas lo mal que la pasabas. ¿Cómo estás ahora?
¡Estoy! Eso ya es un montón. Ahora me levanto temprano, lo que era impensable porque me costaba muchísimo porque tenía fatiga crónica. Pero desde que consumo cannabis, tengo mucha más energía, casi como cuando era niña.

¿Cómo eras de niña?
Como ahora, me reía un montón. Ultrasensible, curiosa. Quería ser actriz. Fantaseaba con tener un orfanato con juegos mecánicos. Me conmovía un montón ver niños en la calle, abandonados. Sentía una especie de culpa por tener dónde dormir, abrigo y comida.

¿De adolescente te olvidaste de algunos ideales?
En el colegio no tenía problemas de notas, sino porque defendía causas. En el 94, estaba en cuarto de media y hacía mucho frío y las mujeres usábamos falda. Lo más ridículo del mundo: mujer falda y hombre pantalón. Hablé con el director para ver si podíamos ir en jean. Se negó y me sacó el reglamento. Pero ahí no especificaba que las mujeres vayan con falda. Entonces, a mis amigas les dije que podíamos ir con pantalón y así fue. Pero hubo un momento en que me olvidé de esa Francesca. Me deprimía un montón.

¿Por qué? 
Nos educan sin darnos herramientas para afrontar muchas cosas en la vida. Todo se quiere tapar con cosas frívolas o con una pastilla para bloquearte. Yo sentía que vivía un poco sin haber desempacado nunca cuando llegas a un nuevo lugar. Ahora siento que he desempacado y que este es el lugar que habito. Desde que sé que todo pasa, siempre digo: nunca te creas fija. Lo bueno y lo malo pasan. Parezco Paulo Coelho, qué horrible (risas).

Si en su momento trataste de hacer entender que el uso de pantalones largos en el colegio era necesario, ¿qué tan difícil es ahora procurar que se entienda que la cannabis medicinal es primordial para determinados pacientes? 
La cannabis no es la panacea ni les va a servir a todos, pero lo que voy a defender hasta que me muera es el derecho a intentar y que nadie me tiene que decir con qué medicina tratarme; que yo, como paciente, reciba toda la información y decida qué es mejor. Tampoco se trata de que sea la última opción. ¿Por qué tengo que pasar un vía crucis, llenarme de químicos y recién intentar otro método, cuando es al revés?

¿Qué es lo importante de la cannabis medicinal?
La planta hembra te da la cannabis medicinal. De esa planta, hay más de 140 cannabinoides, compuestos como el THC, CBD, etc. La fórmula que mejor funciona es la completa. En muchos países solo es legal el CBD, porque el THC es el psicoactivo. Pero hay estudios in vitro que señalan que el THC aislado (alta dosis) puede matar células cancerígenas de manera limpia. No lo afirmo, pero es un estudio de la Complutense. Entonces, depende la enfermedad que tengas, en algunos casos será mejor que sea alto en CBD y poco en THC, o al revés. Y para casos específicos funciona el CBD aislado.

“Se debe hacer un buen reglamento para la ley de cannabis medicinal. Es noble, también puede ayudar económicamente. No hay que tratarla como rara”, declara Francesca Brivio (Renzo Salazar/Perú21).

¿Y en qué se ha quedado este tema en el Perú?
La ley para consumo de cannabis medicinal ya está. En mayo salió la tentativa de reglamento, pero fue muy prohibicionista. Al final, no íbamos a tener acceso a la medicina. Presentamos un reglamento alterno. Nadie dice que no haya control, que se pida sin receta médica. Los que hacemos esto no es porque nos queremos drogar, sino porque es nuestra medicina; es un derecho.

En abril, escribiste una carta pública al presidente Vizcarra. ¿Qué le dirías ahora?
Que lo apoyo con la cuestión de confianza (risas). Y que la salud no puede esperar. Que se debe hacer un buen reglamento porque es una medicina muy noble, porque también puede ayudar económicamente. No tratar a la cannabis como una cosa rara. Que mire a su alrededor. Ojalá para 2019 se ejecute la ley.

Te vuelvo a preguntar, ¿cómo estás?
He engordado más de 10 kilos. Y solo uso cannabis. En 2013, empecé fumándola y me sentí bien. A finales de 2015, dejé de hacerlo porque me aburría el humo. En 2016, no fumé y en 2017, empecé a sentirme muy mal de nuevo. Y volví a la cannabis, pero busqué algo menos invasivo y opté por el aceite. Empecé a investigar y ahora en octubre daré una charla en Chile para la Fundación Daya. Y antes contaré mi experiencia acá en TEDx.

Cuando relatas lo que te ha tocado vivir por los cambios físicos que causa la enfermedad, escribes sobre la belleza. 
Ese floro de que la belleza está dentro tuyo es verdad (risas).

Otra vez en modo Coelho. Volvamos a invocarlo: ¿cuánto te ha sanado el amor?
Un montón. Pero para recibir ese amor debemos volver a Coelho: primero, una debe amarse (risas).

Ojalá Coelho no lea esta entrevista.
(Risas). Es hoy, mañana ya no sé.

AUTOFICHA:
– “Soy Francesca María Guadalupe. Nací el día de la Virgen de Guadalupe, un 12 de diciembre. Cumpliré 40 años de edad. No soy católica, pero amo a la Virgen. Siempre digo que soy guadalupana. Francesca porque la familia por parte de mi padre es italiana. Y María, imagino que por la Virgen”.

– “Terminé el colegio, no estudié en la universidad y llevé actuación. Además, estudié fotografía un año. Siempre he sido empírica. Y ahora he firmado con Penguin Random House para publicar un libro de cannabis medicinal. Este año lo debo entregar. Aún no tiene nombre”.

– “Somos cuatro hermanos y soy la menor. A los 19 años fui mamá. Tuve mi primer hijo y ahora tengo tres. Tienen 20, 15 y 11 años. El mayor se fue a Argentina para estudiar música. Es guitarrista. En casa somos bien musicales y yo soy bien ‘groupie’ (risas). Creo que todas mis parejas han sido músicos”.

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