Bailey Rahn

15 de agosto de 2017

 

Una vez al mes, miembros del equipo de la Alianza de Veteranos de Santa Cruz (SCVA, por sus siglas en inglés) llenan más de 100 bolsas de papel marrón con cannabis medicinal de alta calidad y las entregan gratuitamente en un centro comunitario local. Para los veteranos militares que la reciben (muchos de los cuales luchan por vencer el TEPT – trastorno de estrés postraumático), el cannabis medicinal actúa como una línea de vida hacia la salud.

La SCVA, que funciona en una vieja oficina de un vecindario de Santa Cruz, sirve a hombres y mujeres de la localidad desde el 2011, año en el que la organización fue fundada por los veteranos militares Aaron Newsom y Jason Sweatt.

 

 

Sin embargo, luego de seis años de servicio, la misión de la SCVA ahora enfrenta desafíos debido a un irónico nuevo progreso: la legalización del cannabis en California. Nuevas regulaciones que entrarán en vigencia en los primeros meses del 2018 no le permiten a la SCVA seguir operando tal y como lo hacen al día de hoy.

 

«Hemos tratado de crear un medioambiente de paz a través del cultivo y del cannabis con un propósito».

Aaron Newsom, cofundador de la SCVA

«Con la nueva ley, si no estamos al final de la cadena de custodia, no se nos permite entregar nada gratuitamente», Newsom me dijo durante una entrevista reciente en su oficina en Santa Cruz. «Tenemos que conseguir un local comercial desde el cual podamos vender al por menor nuestro producto y determinar si debemos venderlo por USD 50 o por USD 1.00, o entregarlo en base a un principio de retorno voluntario».

Newsom, de 35, tiene un corte de pelo ordenado y los ojos brillantes. Sirvió en el Cuerpo de Marines antes de cofundar la SCVA. Sweatt, de 41, es un veterano del Ejército con 10 años de experiencia y es el director de la SCVA. Ofreció un saludo más discreto detrás de sus lentes de marco negro.

Mientras hablábamos antes hace unos meses, los trabajadores estaban ocupados llevando a cabo proyectos de construcción necesarios para transformar el espacio en una tienda de venta al por menor de cannabis. La Propuesta 64 de California, la cual pronto comenzará a regular lo que solía ser un suelto mercado laissez faire de cannabis, requiere que la SCVA obtenga una licencia estatal y que ponga en funcionamiento un espacio comercial a fin de continuar llevando a cabo su misión.

Esa misión incluye cultivar su propia medicina.

En el jardín de la SCVA, cientos de plantas de cannabis son cultivadas por un equipo de voluntarios y algunos colaboradores remunerados.

Filas tras filas de plantas de cannabis yacían vegetando en la silenciosa oscuridad, solo iluminadas por una atenuada luz verde. Había ventiladores que sonaban suavemente creando una brisa agradable en las ramas. Las salas de cultivo se sienten apacibles, rodeando a los visitantes curiosos con el lento crecimiento de la vida.

«Hemos tratado de crear un medioambiente de paz a través del cultivo y del cannabis con un propósito», dice Newson. «Es terapia horticultural».

 

Moños de Kosher Kush

 

Otra sala estaba iluminada con intensidad y poblada de plantas floreciendo que llenaban el ambiente con sus dulces y fraganciosos aromas. Kosher Kush, White Fire OG y un híbrido Tangie estuvieron entre el inventario, que brillaba por los tricomas. Pese a que Jason y Aaron comenzaron el jardín años atrás como un proyecto bipersonal, algunos otros veteranos ahora les ayudan a cuidar las plantas.

«Mucha de esta gente estuvo allí [en la guerra] pateando puertas y tomando vidas», explicó Newsom. «Les resulta posible retornar al crecimiento lento y al cultivo de la vida, y entonces [son capaces] de retornarles la vida a [otros] pacientes».

Cuando regresamos a la oficina, miembros del equipo de la SCVA habían comenzado a empacar cannabis recién curado en bolsas marrones para sus hermanos y hermanas veteranos. La música danzaba en el aire, los perros rodaban en el piso, y entre manos ocupadas, el cannabis se estaba compartiendo. Aaron comandaba de manera emocionada y empática a todos en medio de «toques», y en ese momento en el que, al parecer, todo el mundo estaba sonriendo al unísono, era difícil imaginar por lo que cada uno de ellos había pasado.

 

Veteranos se reúnen para la reunión mensual de la SCVA, en la que se distribuye cannabis medicinal.

 

Para muchos de aquellos que viven con el trastorno de estrés postraumático, no hay una cura, solo alivio temporal. Es una condición de salud que vive en el sótano de tu mente. Cada cierto tiempo, un detonante patea la puerta y te hace caer en la oscuridad, abriéndole la puerta al miedo y la ansiedad. El trauma durmiente, viviendo y respirando por debajo de la superficie, se despierta de golpe debido a regresiones temporales, pesadillas, o sutiles recuerdos de la vida diaria.

Como una costra en la psique, se desgarra y se abre una y otra vez.

La terapia y los fármacos estabilizadores del ánimo han ayudado a muchos pacientes a quitarle el aspecto de «trastorno» a su TEPT, así que es posible vivir sin estar bajo la constante sombra de la memoria. Sin embargo, para otros, las terapias convencionales no funcionan.

Algunos pacientes con este tipo de TEPT crónico y resistente al tratamiento han descubierto que el cannabis ayuda a controlar los síntomas del TEPT. Calma a una mente demasiado activa, aminorando su velocidad a un ritmo sostenible en el que la paz puede encontrarse. El cannabis también puede reducir la dependencia de un paciente a fármacos más fuertes, medicaciones con efectos secundarios que pueden devastar la calidad de vida de una persona.

Miembros de la SCVA escuchando anuncios antes de que sea entregado el cannabis.

 

 

Más tarde ese día, un miembro del equipo de la SCVA me enseñó material fílmico que él había obtenido durante su servicio activo militar.

En una pantalla de laptop, veía cómo una cámara temblorosa se desplazaba a través de un empolvado corredor de piedra. Seguía a un grupo de soldados, empuñando armas de fuego. El sonido de los pasos y el movimiento silencioso solo llevaba segundos cuando una explosión sobrecogió los sentidos, ennegreciendo la vista y ensordeciendo los oídos. Un médico estaba inclinado sobre un soldado herido, repitiéndole palabras de tranquilidad.

El soldado que había obtenido el material audiovisual del IED (artefacto explosivo improvisado) detonado estaba parado detrás de mí, al costado de otros miembros del equipo de la SCVA. Ellos estaban mirando el video fijamente con los brazos cruzados y las cejas ligeramente fruncidas.

Sabiendo que el TEPT se manifiesta de manera diferente en todos, le pregunté a Newson, Sweatt y otros miembros de la SCVA a qué se parecía esta condición de salud para ellos.

Para Sweatt, los muchos convoys en los que participó en Irak lo incapacitaron para manejar por dos años. «Experimenté bastante alerta elevada, mi cabeza estaba en un péndulo», admitió. «Cuando manejaba, estaba realmente hipervigilante, mirando a todos lados, verificando constantemente mi entorno».

Sweatt tuvo dificultades para reintegrarse a la vida como civil. Se mudó a California y vivió en una van por seis meses. La dificultad de reentrada y el aislamiento social parecía ser común entre muchos de los veteranos con los que hablé.

 

«Vi a pacientes cuyas vidas fueron destruidas por los efectos devastadores de las drogas y el alcohol, pero nunca nadie que estuviera enfermo debido al cannabis».

Dr. Jordan Tishler, exmédico del Departamento de Asuntos de los Veteranos

 

«Tenemos veteranos en la indigencia, y muchos que [luchan por obtener] empleo y educación», afirmó Newson. «Regresar a la vida civil, cada quien se debe valer por sí mismo».

 

Debido al estatus de lista 1 del cannabis, los médicos del Departamento de Asuntos de los Veteranos están impedidos legalmente para recomendárselo a los veteranos. En lugar de ello, solo les queda recetar un coctel de antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos, opioides, y fármacos somníferos.

«El Departamento de Asuntos de los Veteranos tiende a agruparnos en dos categorías», explicó Newsom. «O bien estás en la categoría del TEPT depresivo y recibes estos tres tipos de pastillas, o bien estás en la categoría del TEPT agresivo y recibes estos tres tipos de pastillas. Es como la cinta transportadora de una fábrica».

Estos fármacos a veces pueden crear más problemas que los que corrigen. La mayoría de los veteranos con los que hablé destacaron que el cannabis les ayudó a reducir su dependencia a los opioides, «benzos», y otros fármacos recetados médicamente. Pero hay una trampa. Los costos de los fármacos son cubiertos por el Departamento de Asuntos de los Veteranos; el cannabis, no.

Y aún así, parece funcionar. Escuché muchos comentarios como estos de parte de veteranos que trabajan con la SCVA:

  • «El cannabis me ayuda a permanecer en el presente».
  • «Me ayuda a disminuir la hipervigilancia».
  • «Me ayuda a dormir».
  • «Me ayuda a permanecer en calma».

Lucy, una veterana de la infantería de marina y miembro de la SCVA con una suave voz, se sentó y habló conmigo por un rato. «Muchos terapistas que no entienden a los veteranos recetan con rapidez las mismas pastillas de las que estamos tratando de alejarnos», se lamenta. No obstante, con el cannabis, Lucy encontró alivio.

«Pensé que podría calmarme», sonrió. «Funcionó».

 

Esquejes o clones crecen en el jardín de cannabis de la SCVA.

 

Para saber por qué el cannabis podría ser beneficioso para una mente plagada por el trauma, contacté al Dr. Jordan Tishler en Boston.

Tishler, un graduado de medicina de Harvard que trabajó por 15 años como médico del Departamento de Asuntos de los Veteranos, fundó un consultorio privado, Inhale MD, de tal manera que pudiera brindar consejo a los pacientes sobre el cannabis medicinal.

«Cada cierto tiempo veía pacientes cuyas vidas estaban siendo destruidas por los efectos devastadores de las drogas y el alcohol», me dijo en una reciente entrevista telefónica. «Se me ocurrió que había visto a todos estos individuos perjudicados, pero nunca nadie que estuviera enfermo a causa del cannabis».

Tishler vio de primera mano el potencial terapéutico del cannabis tanto para el tratamiento del dolor como para el TEPT, así que se sumergió en la investigación para aprender más. Concibió una teoría sobre cómo el cannabis ayuda a calmar la mente de un paciente de TEPT.

«El THC y el CBD tienden a funcionar como una válvula de apagado postsináptico retrógrado», indicó. «Su trabajo es reducir el nivel de estimulación en sistemas que tienden a ser excitatorios. Estos son sistemas importantes en nuestro cerebro que pueden ser acelerados y desencadenados [por el TEPT o la ansiedad]. El cannabis tiende a calmar esos sistemas».

Otra teoría, planteada por primera vez por el neurólogo Ethan Russo, propone que condiciones de salud como el TEPT pueden resultar en una deficiencia de moléculas endógenas (llamadas «endocannabinoides») que sirven para equilibrar las señales que describió Tishler. Las moléculas en el cannabis, como el THC y el CBD, funcionan como estos endocannabinoides y pueden ayudar a restaurar el equilibrio de las señales. Y esa, en teoría, es la razón por la que los pacientes con TEPT y ansiedad se sienten más calmados bajo los efectos del cannabis.

Para sus pacientes con TEPT, Tishler suele recomendar una dosis menor de cannabis por la noche antes de ir a dormir, haciendo énfasis en que «el efecto ansiolítico durará ese próximo día incluso cuando la intoxicación ya haya pasado».

Para personas con TEPT, las noches sin sueño abren con frecuencia la puerta a otros síntomas y complicaciones. Hacerle frente al insomnio y las pesadillas suele ser el primer paso en común. Pero es importante, Tishler advierte, considerar comenzar con una dosis menor.

«El cannabis es un actor complejo», reconoce. «Puede ser muy bueno para la ansiedad en dosis bajas y muy malo para la ansiedad en dosis altas».

La mayoría de doctores no están tan bien equipados como Tishler para explicar los beneficios y los riesgos del cannabis medicinal. Algunos ni siquiera se han instruido respecto del cannabis. Otros están impedidos por vínculos con el gobierno federal.

Como un resultado, muchos pacientes están usando cannabis medicinal sin la guía de un profesional, de todas maneras. Otros no tienen acceso seguro a él, punto. La ausencia continuada de leyes de cannabis con compasión a lo largo de la nación es sorprendente para médicos y pacientes que han experimentado de primera mano una mejora en la calidad de vida.

 

Miembros de la SCVA se ponen en filas para recibir su donación mensual de cannabis.

 

De vuelta en Santa Cruz, más de 100 veteranos militares llegaron a un centro comunitario local para la reunión mensual de la SCVA. Viejas sillas plegables chirriaban al ser arrastradas por el piso de madera mientras los veteranos tomaban asiento y se ponían al tanto con viejos amigos.

Al frente de ese ambiente, el equipo de la SCVA se preparaba para entregar bolsas de papel marrón llenas de cannabis cultivado por su pequeño equipo. Un miembro del mismo lanzaba accesorios de silicona para concentrados de cannabis, haciendo bromas en medio de un estallido de risas.

Luego de unos cuantos anuncios cortos, los veteranos pusieron sus firmas, como si estuvieran en un dispensario, y aceptaron las bolsas marrones con sonrisas y apretones de manos. Muchos se quedaron bastante más tiempo después de que terminó la reunión para ponerse al día con otros miembros. El sentido de conexión entre ellos contrastaba de manera nítida con el aislamiento y el ostracismo social que muchos de ellos experimentaron luego de regresar del servicio militar.

«No somos terapistas, y no somos doctores», Aaron Newson afirmó. «Solo nos comprendemos los unos a los otros. Eso, en sí mismo, es una herramienta para sanar».

 

      Bailey Rahn

Bailey es una gestora de contenido senior en Leafly, se especializa en cepas y en salud. Ha pasado más de siete años investigando sobre productos cannábicos, difundiendo historias de pacientes, y explorando formas saludables de integrar el cannabis a la vida diaria.

 

Texto original: https://www.leafly.com/news/health/santa-cruz-veterans-alliance-cannabis-ptsd