La crisis de los opioides en Estados Unidos es uno de los principales en su agenda de salud pública: se estima que al menos 100 estadounidenses mueren todos los días, a causa de su adicción a medicamentos legales como oxicodona, metadona, o la ilegal heroína. El sitio STAT, a través de entrevistas que realizó a diez académicos especializados en el tema, estima que, durante la próxima década, de seguir la misma tasa, los opioides habrán matado al menos medio millón de personas.

En 2014, un estudio publicado en la revista especializada JAMA, dio cuenta de que los estados que tenían una legislación de cannabis para uso médico, presentaban 25% menos muertes por opioides que los que no la tenían. Un año después, esta misma revista levantó un análisis a 79 estudios sobre cannabis, y resultó que en el 30% de ellos, se comprobaba la eficacia de la planta en el tratamiento del dolor.

Aunque el uso de cannabis en el tratamiento a la adicción a los opioides no es cosa nueva, en Washington (estado que mantiene a la planta, tanto recreativa como médica, regulada) existen clínicas en donde los adictos pueden acercarse a ella, y tratar de curarse: los resultados, de acuerdo a los testimonios, son notables.

“Nadie se ha muerto de una sobredosis de cannabis: esa es la ironía. A la planta se la tiene considerada como la droga de entrada a otras más fuertes; lo que hemos visto es que en realidad es la droga de salida de las verdaderas drogas”, dice la Uma Dhanabalan, directora de Uplifting Health and Wellness, una de estas clínicas especializadas.

“Es difícil de entender”, continúa la especialista, en entrevista para el Boston Globe: “la hostilidad y la ignorancia que se mantienen contra la planta. Aquí hemos tratado con éxito no sólo a pacientes con una fuerte adicción a los opioides, sino también a pacientes con cáncer, estrés post traumático; también a otros con enfermedades comunes como insomnio… les cambia la vida”, dice.

Dos de sus pacientes, entrevistados por el diario, dan cuenta también de los beneficios: Beth, de 52 años y que no dio su apellido por privacidad, comentó que se volvió adicta a la oxicodona por un disco herniado, y un cuadro de osteoartritis. La oxicodona fue la que le recetaron los médicos; pero tiene nefandos síntomas adversos: el más común de ellos: estreñimiento. Y para eso, los doctores le recetaron otras píldoras, con iguales o peores efectos secundarios.

Empecé a tomar cannabis y las cosas cambiaron mucho. El dolor sigue ahí, pero como una sombra, ya no está en el centro del cuerpo, batiente, sacándome de quicio todo el tiempo. Ahora es soportable. He bajado mis dosis paulatinamente, y también mi manera de beber ha disminuido. Hasta he bajado de peso.”, comenta.

“Yo sé por qué la gente se vuelve adicta a esto”, dice, por su parte Daniel Snyder, otro de los pacientes de la doctora Uma, de 64 años: “te hacen sentir increíblemente bien, pero solo al principio. Te sientes bien con solo estar mirando la pared: pero después te vas metiendo a un absimo, más y más negro y profundo cada vez. He estado casado 43 años y he visto en familias cercanas la devastación de drogas opioides. Ahora que estoy bajo tratamiento con cannabis, mi adicción a ellos ha disminuido, he bajado de peso, mi presión sanguínea mejoró. Creo que el gobierno debería de concentrarse más en el combate de los opioides, que al de la marihuana”, sentencia.

La pujanza de algunos estados para permitir el uso de cannabis medicinal en tratamientos de este tipo de adicción, no carece de precedentes: en febrero de 2016, la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, escribió una carta al titular del Centro de Control y Prevención de la Enfermedad (CDC por sus siglas en inglés) para que considerara a la cannabis como un tratamiento legitimo para tratar la adicción a opioides, en los estados donde fuera legal.

En abril de ese mismo año, Maine elaboró una propuesta con las mismas consideraciones, pero no fue aprobada.

Pese a la pujanza de la cannabis como industria y como medicina, a nivel institucional, hay avances como retrasos: hace dos semanas, Jeff Sessions, el procurador federal, revocó el famoso Cole Memorandum, política que controlaba la jurisdicción de las fuerzas federales en cuanto a cannabis, en los estados donde era legal. Para algunos expertos, es el reinicio de la guerra contra las drogas.

El propio fiscal de Washington Andrew Lelling, no ha emitido una respuesta clara en cuanto a esta remoción, y en cuanto a si imitará las acciones de Sessions. Por tanto, podría ser difícil que la cannabis se legalizara en toda la nación en la administración de Trump; y podría haber un reforzamiento de las restricciones aun en estados donde es legal. 

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