La legalización expandirá vastamente nuestro entendimiento del enteógeno ancestral y de cómo puede mejorar vidas.

Amanda Siebert es una autora y periodista del cannabis.

20 de noviembre, 2018.

 

Vancouver, British Columbia – Cuando Canadá legalizó completamente el cannabis recreacional el 17 de octubre, el ciberespacio rápidamente imaginó la CN Tower en Toronto envuelta por un denso humo y reemplazó la bandera roja con una hoja de maple por su liberal primavera verde. El mundo podrá reír tontamente visualizando a la población entera de un país convertirse en fumones, pero la legalización significa que algunas de las mentes más brillantes pueden abocarse ahora al estudio del cannabis.

Como la primera nación del G-7 en aflojar sus leyes cannábicas, Canadá se ha aventurado a las líneas de combate del escrutinio metódico de la planta y su investigación. Habiendo dejado de estar en riesgo de ser censurados o en la imposibilidad de acceder a especímenes como objetos de estudio, los investigadores ya pueden trascender los obtusos parámetros que la ciencia alguna vez consideró aceptables. Lo que queda posibilitado es el estudio académico de la planta, ya sea desde lo social, biológico, genético u agronómico, a la hora de abordar distintas cuestiones.  Desde botánicos a fitoquímicos, microbiólogos a epidemiólogos, científicos de todo tipo son libres de perseguir una mayor producción de data cannábica de calidad como nunca antes les fue posible.

Los Noventaicinco años de prohibición han permitido pocas entradas en la enciclopedia, esto ha implicado que lo que conocemos venga principalmente de la observación anecdótica y estudios a corto plazo. Pero los laboratorios canadienses no están empezando desde el borrador. Fue Canadá quien, en el 2001, se convirtió en el primer país en legalizar el uso medicinal de la marihuana. Fue un equipo canadiense, en el 2011, quien publicó la primera secuencia del genoma cannábico. Pese a estas contribuciones, y al conjunto de estudios varias veces revisados que salían a la luz, rara vez trascendían estos la frontera hacia las cuestiones que establecían las normas sociales.

La investigación tuvo grandes avances al darse los primeros pasos hacia la legalización, ofreciendo a enfermos canadienses una nueva opción para tratar el dolor crónico, síntomas del Desorden de Estrés Post Traumático y mejorar considerablemente su calidad de vida. Esto disminuyó durante el mandato del Primer Ministro Stephen Harper, un Conservador que tiro abajo los presupuestos en materia de salud y política de drogas y tildó al cannabis como “infinitamente peor” que el tabaco (los expertos dicen que es al revés). Los estudios volvieron a multiplicarse otra vez en el 2014, cuando los cultivadores comerciales obtuvieron licencia para abastecer vía correo pedidos de marihuana medicinal a pacientes canadienses, mercantilización que a la vez avivó los intereses corporativos.

La nueva legislación canadiense, el Acta Cannábica reemplaza un Sistema restrictivo que ha tratado a los investigadores como si fueran traficantes de drogas. Científicos que quieran cultivar sus propias plantas ahora tienen simplemente que aplicar a una clase específica de licencia, en lugar de solicitar una exención a la retrógrada Acta de Drogas y Sustancias Controladas, que, entre otras demandas, exigía antecedentes penales.

El gobierno canadiense, alguna vez indispuesto a tocar el objeto de estudio, ha pasado a examinar con propiedad cómo afecta el cannabis al cuerpo y al cerebro. Está financiando 14 nuevos estudios y ha separado millones destinados a investigación que resuelva cuestiones como: ¿Una madre  usando cannabis daña el desarrollo de su bebé? ¿Fumar afecta el tiempo de reacción de los conductores? ¿En qué momento se vuelve peligroso el consumo de marihuana en adolescentes?

El sector privado Canadiense es incluso más frenético sobre el asunto de la investigación vanguardista. En la subida hacia la legalización, los productores se apuraron para obtener licencias de cannabis medicinal para así poder formular nuevos productos basados en cannabis. Hoy por hoy, más de 130 compañías han sido aprobadas, y hay cientos en la lista de espera. Los líderes de la industria han abierto juicios a grande escala, incluyendo la exploración del poder de la planta para aliviar la náusea causada por la quimioterapia y reducir las convulsiones en niños epilépticos.

Se ha formado un equipo multimillonario con profesores universitarios para investigar la solución cannábica a la epidemia de sobredosis por opiáceos. Los negocios más pequeños se atrincheran en el desarrollo de cremas infusionadas y concentrados potentes. Mientras que la academia y quienes no lucran están incentivando a la industria a financiar estudios más atrevidos propugnando, por ejemplo, un programa de educación realista para desarrollar en los adolescentes literatura cannábica.

Con las barreras legales tiradas abajo, un camino se ha despejado para que los canadienses establezcan un reclamo global en el emergente campo de estudio. Nuevos proyectos científicos van tomando forma en Europa, Israel y Australia, muchos de los cuales son fruto de empresas asociadas a compañías canadienses. El país se ha convertido en “la fuente de facto para investigación cannábica del mundo”, sostiene Philippe Lucas, quien está a la cabeza de la investigación para la productora canadiense Tilray, que ha concretado exportaciones a 10 países.

El gran experimento de Canadá ha sido un catalizador hacia una visión científica más inteligente en los Estados Unidos, donde la prohibición federal ha ahogado la investigación. Pese a que 33 estados han relajado sus leyes cannábicas, sólo un lugar en Mississipi es licenciado federalmente para abastecer cannabis seco, siendo su producto muchas veces ridiculizado por investigadores por su falta de potencia.

Observemos Tilray, que, en un raro 1ro de setiembre, fue aprobado por la DEA para abastecer de extracto cannábico a un neurólogo californiano que está desarrollando un tratamiento para los temblores en la vejez. (Tilray ha construido también un invernadero dentro de un parque de investigación en Portugal, extendiendo la ciencia hacia la Unión Europea). Los empresarios estadounidenses del cannabis, no están tan interesados en la producción de hierba de quienes los limitan por el norte. Un cultivador multi-estatal suplicó al Presidente Trump la regulación federal en un artículo de página entera en el “Wall Street Journal ad”, subrayando que: “Estados Unidos está rápidamente perdiendo ventaja competitiva sobre Canadá!”.

A medida que las guerras de ofertas reemplazan la guerra contra las drogas, la legalización promete evidencia empírica para quienes hacen las leyes y están atrapados entre las sensibilidades populares y la escasez de data. La agencia estadística canadiense y su ministerio de salud están desde ya reuniendo información de una nueva y visible población de usuarios cannábicos. Las estadísticas podrían permitir a jurisdicciones de todo el mundo desarrollar reformas políticas y programas en materia de salud pública que minimicen los potenciales impactos negativos de la legalización.

La academización del cannabis se volverá a abrir nuevamente a una desarrollada sociedad occidental que podrá proceder hacia este enteógeno ancestral, dice Jonathan Page, un biólogo radicado en Vancouver y líder del proyecto del genoma cannábico. El uso de la marihuana terapéutica se remonta a miles de años, de acuerdo con registros arqueológicos e históricos.

En junio, el Sr. Page vendió su laboratorio “Anandia” a uno de los productores canadienses más grandes, Aurora Cannabis, por 115 millones de dólares canadienses (88 millones de USD), y la semana pasada fue nombrado su jefe científico, quedando a su supervisión alrededor 40 investigadores de grado Ph.D.- y M.Sc. Él ve a los científicos canadienses como los portadores de la cornucopia que desmitifica los tabúes cannábicos a punta de investigación, desde descifrar los atractivos sensoriales producidos por el cannabis hasta comprobar si es que puede ser utilizado como sustituto para el alcohol. La ciencia, dice, incluso podría resolver el eterno debate entre si hay, realmente, dos tipos de cannabis: sativa, que dícese produce estimulantes sensaciones cerebrales, e índica, considerada más sedante.

“El nada fácil regreso de la marihuana al mainstream canadiense sugiere que las plantas psicoactivas tienen relevancia en la vida moderna y continuarán dándole forma a la cultura humana”, dice Page. “La prohibición fue solo un instante en la línea de tiempo de la civilización y una época oscura para la ciencia”. En una época de paranoia global, el liderazgo decisivo de Canadá ha producido una verdadera oportunidad en el terreno verde. Y les corresponde a nuestros científicos hacer el arado.

 

Traducción: L. Camino Brivio

Fuente: https://www.nytimes.com/2018/11/20/opinion/cannabis-science-legal-marijuana-canada.html