En noviembre del 2005, mi robusta y confiable salud sufrió una repentina caída en la oscuridad de lo desconocido. Comenzó con un ocasional episodio de mareo súbito. Podía ser que mientras dictaba una clase universitaria de escritura, me sintiera aturdida y mareada. Pedía permiso e iba al baño para tomar profundos respiros y salpicar mi cara con agua fría.

Mi caída libre había comenzado. Pronto comenzaron a aparecer con violencia nuevos y atemorizantes síntomas casi cada día. Tenía vértigo. También dolor generalizado que hacía que voltear mi cabeza o morder una manzana fueran una tortura autoinfligida. Me brotaron erupciones. Mis venas se abultaron. Mi cabello se cayó en matas.

Masticar o hablar hacían que mi cara palpitara y me hormigueara antes de que se adormeciera por completo. Cuando lograba hablar, luchaba por encontrar palabras básicas o por formar una oración. Las luces, el ruido y el movimiento se volvieron enemigos temibles, y las náuseas me hacían constante compañía. Con mucha dificultad, conseguía retener los alimentos sin vomitarlos. En poco tiempo, me había encogido y transformado en un saco de huesos. Sentía como si me estuvieran tragando viva, como si me estuvieran escurriendo y quitándome mi fuerza vital.

En unas cuantas semanas, había pasado de ser una escritora muy productiva, una profesora y una madre a ser un bulto desconsolado de miseria que ya no podía manejar un auto, leer un libro, lavar un plato, ni coger un lapicero. Estaba tan débil que una tarea rutinaria (como tomar una ducha) me derribaba por horas. Utilizaba mi tiempo echada sin moverme en cama, esperando a que el día terminara. Pero la llegada de la noche no traía descanso. El sueño reparador se había vuelto una memoria distante.

 

«UNA ENFERMEDAD MUY DIFÍCIL»

 

Mi médico pidió que se practiquen exámenes. Vi a un neurólogo, un endocrinólogo, un internista, un cirujano maxilofacial, varios psiquiatras y tres otorrinolaringólogos. Me hicieron una resonancia magnética y una tomografía computarizada. Mi sangre fue analizada por laboratorios última generación y de alta tecnología. Varios posibles diagnósticos fueron arrojados: lupus, enfermedad de Lyme, un tumor cerebral, esclerosis múltiple. Disfunción mitocondrial, trastorno de la articulación temporomandibular… Un médico intentó convencerme de que mi enfermedad se debía a una acumulación de cerumen en mis oídos, que retiró con prontitud. Luego me cobró US$ 250.

 

                              «No sabemos qué es o qué hacer al respecto, y por el momento, no hay cura».

 

Uno por uno, cada uno de estos escenarios desafortunados fue descartado. Pero yo no estaba más cerca de entender qué me estaba pasando, hasta que mi médico pronunció esas fatídicas palabras: «síndrome de fatiga crónica». Dio su diagnóstico de una manera algo dubitativa, como si dudara de su legitimidad. Podría haber dicho también, «no sabemos qué es o qué hacer al respecto, y por el momento, no hay cura».

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), aproximadamente 2.5 millones de personas en los Estados Unidos y 17 millones en todo el mundo sufren de encefalomielitis miálgica (EM), también conocida como síndrome de fatiga crónica (SFC).  La EM/SFC es una afección grave que puede causar un deterioro significativo de la salud, provocando la discapacidad del 75 % de quienes la padecen, con un 25 % confinados a sus hogares e incluso postrados en sus camas. El ochenta por ciento de los estadounidenses que cumplen con los criterios para el EM/SFC aún no han sido diagnosticados. Complicando más las cosas, a muchos pacientes se les envía a casa por haber supuestamente confundido su enfermedad con un trastorno de síntomas somáticos, lo cual es, en otras palabras, «todo está en tu cabeza» junto con una prescripción de antidepresivos.

«El síndrome de fatiga crónica es una enfermedad muy difícil», afirma Robert K. Naviaux, licenciado en medicina, director del Mitochondrial and Metabolic Disease Center (Centro de Enfermedades Metabólicas y Mitocondriales) de la Escuela de Medicina de San Diego en la Universidad de California. «Afecta múltiples sistemas del cuerpo. Los síntomas varían y son comunes a muchas otras enfermedades. No hay un examen de diagnóstico de laboratorio. Los pacientes pueden gastar decenas de miles de dólares y años tratando de encontrar un diagnóstico correcto».

 

FÁRMACOS, DESESPERACIÓN, DEPRESIÓN

 

La EM/SFC es reconocida hoy en día como una enfermedad real por la Organización Mundial de la Salud, los CDC, y los National Health Institutes (Institutos Nacionales de Salud), con grupos de trabajo en Stanford, Harvard, y en otros lugares. No obstante, muchos médicos aún no están adecuadamente entrenados para lidiar con una condición crónica como la EM/SFC. No hay tratamientos aprobados por la FDA y ningún medicamento que prescriben los médicos está indicado para tratar esta enfermedad, además de estar plagado de efectos secundarios.

 

 «No hay tratamientos aprobados por la FDA para la EM/SFC.»

 

El modafinilo, recetado para combatir la somnolencia, puede provocar erupciones severas en la piel y eventos psiquiátricos como psicosis, manía, delirios, alucinaciones, ideas suicidas y agresión. El Cymbalta, recetado para el dolor y la depresión, es adictivo y puede desencadenar un síndrome de abstinencia severo, así como pensamientos suicidas, daño neurológico y aumento de peso. El Vyanse, una anfetamina adictiva, es otra alternativa problemática.

Como muchos enfermos de EM/SFC, estaba desesperada. Hice la prueba con medicamentos para el dolor, sueño y depresión, pero nada ayudaba, y la mayoría hacía que me sienta peor. Luego de varios meses con incapacidad laboral temporal, deseando y esperando mejorar, me obligaron a renunciar al trabajo como docente que tanto amaba.

Pese a que no había abandonado la esperanza de seguir viviendo, pensaba en si debería comenzar a planificar mi propio funeral.

 

PROBANDO SUERTE CON EL CANNABIS

 

Debido a la falta de tratamientos aprobados por la FDA, muchos pacientes desesperados de EM/SFC recurren a la auto-medicación. Yo era una de esas personas. Gasté mis cada vez más escasos recursos en todo tipo de terapias alternativas con la esperanza de encontrar algo (lo que sea) que pudiera ayudar.

               

 «El ruido de fondo del dolor paralizante se volvió más silencioso,

               y algo cercano a la calma me envolvió.»

 

Abandoné el gluten, el azúcar y los productos animales. Me atraganté con puñados de suplementos y galones de brebajes verdes y viscosos, a los que llamaba «jugo de bichos». Un terapista de masajes muy recomendado me trituró mientras me susurraba que «aferrarme al trauma me impedía mejorar». Recibí acupuntura semanalmente de un entrañable y anciano caballero chino que se rehúso a recibir mi dinero cuando quedó claro que no podría ayudarme.

Había escuchado que algunas personas con EM/SFC descubrieron que el cannabis podía ayudar. No había fumado hierba en años, y, francamente, drogarme sonaba como la última cosa que una persona completamente discapacitada debería hacer. Sin embargo, estaba dispuesta a intentar cualquier cosa. Como residente de California, obtuve una recomendación para marihuana medicinal y fui a un dispensario, donde compré un poco de Purple Kush, una cepa recomendada para el dolor y para el sueño por un joven vendedor.

Esa noche roleé un no muy atractivo joint rico en THC. De manera nerviosa, le di un toque y tosí. En minutos algo había cambiado. El ruido de fondo del dolor paralizante se volvió más silencioso, y algo cercano a la calma me envolvió. Floté sin esforzarme al sueño por la primera vez en más de un año. Por la mañana, me sentí diferente, no curada, pero con esperanza. Al fin había encontrado algo que ayudaba.

EL CBD INGRESA AL ESCENARIO

 

De acuerdo a la investigadora de la EM/SFC, la Dra. Nancy Klimas, los fármacos que suelen recetarse para el sueño, tales como el Restoril y el Klonopin (derivados del Ambien y el Valium), pueden noquearte pero no conducirán al sueño profundo y restaurador tan crucial para quienes padecen de la EM/SFC. El insomnio crónico inhibe la habilidad del cuerpo para reparar el daño celular diario, lo cual es especialmente destructivo para estos pacientes. Dormirse y mantenerse dormidos es un momento decisivo para aquellos que son capaces de lograrlo, y la mayoría nota una mejoría subsecuente en cuanto a sus síntomas.

Continué con mis inhalaciones nocturnas de cannabis rico en THC, y luego de unos cuantos días, era capaz de salir de mi cama y caminar tambaleándome. Salí de la casa para dar cortas caminatas, las cuales se hicieron más largas con el tiempo. Mi apetito mejoró, y comencé a ganar un poco de (un muy necesario) peso.

Luego, un amigo me comentó acerca del CBD, un cannabinoide sin propiedades intoxicantes que era, en ese tiempo, una novedad en la comunidad del cannabis medicinal de California. Él pensaba que podría ayudar con mi enfermedad. El cannabis rico en CBD no estaba disponible aún en la mayoría de dispensarios de cannabis medicinal, pero él consiguió unas cuantas flores con una proporción de 2-a-1 CBD-a-THC.

Cuando añadí el CBD a mi régimen de cannabis, más síntomas menguaron su opresión. El ritmo era lento pero perceptible. Gastaba menos tiempo en cama. Comencé a leer y a escribir de nuevo. Una noche, fui a ver la actuación teatral de mi hija Melati, era la primera noche en la que salía en un año. Lágrimas abundantes y agradecidas cayeron mientras la veía en el escenario. Con la ayuda de cannabis rico en CBD cultivado en casa, estaba volviendo a la vida.

AVANCE SIGNIFICATIVO:
MARCADORES BIOLÓGICOS

 

¿Cómo es posible que el cannabis podría ayudarme con mi EM/SFC cuando los medicamentos recetados no podían tocarla, o hacían más daño que bien? La respuesta podría estar en una nueva investigación que apunta a explicar lo que subyace a la enfermedad.

Hasta hace poco, uno de los mayores retos ha sido la ausencia de un marcador biológico claro (un indicador biológico mensurable de la existencia de la enfermedad) para la EM/SFC. Pero pronto podría haber una forma confiable de diagnosticar este trastorno.

 

«Una nueva investigación sugiere que la EM/SFC es una enfermedad inflamatoria que podría ser diagnosticada con un examen de sangre.»

 

Un estudio del 2016, publicado en los Proceedings of National Academy of Sciences, identificó una «firma química característica» en los enfermos de EM/SFC, con una biología subyacente similar al estadio de dauer.

«[Estadio de] dauer, similar a la hibernación», explica el estudio, «es un medio de preservar la supervivencia mediante una intensa reducción de las funciones de la vida ordinaria, tales como la energía, la digestión y el movimiento».

Mark Davis, un inmunólogo de la Universidad de Stanford, ha hecho algunos descubrimientos interesantes con células T, un tipo de linfocito que juega un rol esencial en el sistema inmunológico. La sobreactivación de las células T se descubrió en la sangre de pacientes con EM/SFC, similar a lo que se encuentra en casos inmunológicos como el cáncer, la esclerosis múltiple o infecciones. Un paper del 2015, de científicos alemanes reportó un aumento marcado en anticuerpos específicos de pacientes con fatiga crónica. Y más evidencia de una respuesta hiperinflamatoria fue presentada en un estudio del 2017 de Davis y José Montoya, evidenciando una citocinesis elevada.

«Ha habido mucha controversia y confusión en torno a la EM/SFC, incluso si es que se trata de una enfermedad real», dice Davis. «Nuestros descubrimientos muestran con claridad que es una enfermedad inflamatoria y proporcionan una base sólida para un examen de sangre de diagnóstico».

 

SOBREEXIGENCIA INMUNITARIA

 

Con la fatiga crónica, el sistema inmunológico, estimulado por una causa desconocida, entra en un modo de lucha completamente anormal, activando una respuesta hiperinflamatoria y desencadenando un carnaval terrorífico de síntomas. Un artículo del 2015 en Science Advances reportó una actividad inmunitaria elevada en los pacientes con EM/SFC durante la fase temprana de la enfermedad que era «consistente con un detonante viral o con redes inmunitarias reguladoras alteradas». Sin embargo, en etapas posteriores, los niveles de perturbación inmunitaria fueron mucho más bajos. Parece que cualquiera que hubiera sido la amenaza inmunológica que desencadenó la enfermedad, habría sido resuelta, y pese a ello, el cuerpo continuó con su reacción inflamatoria y de pelea frente a un enemigo.

En los pacientes con EM/SFC, la inflamación y el dolor son como gemelos siameses demoníacos. Cuando el cuerpo responde a una amenaza percibida, envía legiones de químicos a la sangre y los tejidos para derrotar a invasores foráneos. Cuando funciona normalmente, esta respuesta inflamatoria es un mecanismo importante y que salva vidas, pero en el caso de los enfermos que padecen de EM/SFC, es como manejar acelerando al máximo, con dolor agudo y otros síntomas como consecuencia.

 

   «En los pacientes con EM/SFC, la inflamación y el dolor son como gemelos siameses demoníacos.»

 

¿Por qué el cuerpo sigue simulando pelear con un oponente que no está en verdad allí? El Dr. Robert Naviaux de la Universidad de California en San Diego explora esta pregunta en un artículo escrito de manera hermosa que trata sobre su trabajo respecto a la EM/SFC, mitocondrias y «respuesta celular al peligro» (CDR, por sus siglas en inglés), un término que describe la respuesta metabólica celular del cuerpo ante amenazas químicas, físicas y biológicas. Naviaux encontró que en los pacientes con EM/SFC, la CDR persiste de forma anormal: «El metabolismo de todo el cuerpo y el microbioma de los intestinos es perturbado, el desempeño colectivo de múltiples sistemas de órganos es mermado, el comportamiento es alterado, y como resultado se tiene una enfermedad crónica».

Dado que una respuesta inmunitaria y una marcada inflamación son aspectos esenciales en la EM/SFC, tiene sentido que tanto el CBD como el THC, dos potentes compuestos antiinflamatorios, podrían ser terapéuticos en gran medida. La evidencia anecdótica lo demuestra. Haz una búsqueda en cualquier grupo de apoyo de redes sociales relativo a la EM/SFC y encontrarás testimonios de personas que han usado el cannabis y/o CBD derivado del cáñamo para mejorar sus síntomas de manera satisfactoria.

CANNABIS ANTIINFLAMATORIO

 

Hay muchos reportes publicados que demuestran los efectos del cannabis contra la inflamación. Un estudio del 2010 en Future Medicinal Chemistry indicaba que se halló que diversos cannabinoides calman la respuesta inflamatoria mediante múltiples vías, los cuales conducen a una reducción de los síntomas asociados. Un reporte posterior de científicos de la Universidad de Carolina del Sur reveló que una combinación de THC y CBD suprimió la neuroinflamación (hinchazón del cerebro) en pacientes con esclerosis múltiple. Los mismos síntomas neuro-inflamatorios (vinculados a una disminución cognitiva y a problemas neuropsicológicos severos) se observaron en áreas del cerebro de pacientes con EM/SFC. Por ello, es razonable considerar que el cannabis también podría ser eficaz para tratar la neuroinflamación producida por la EM/SFC.

El CBD también podría ayudar a aliviar los complicados problemas de ánimo que los enfermos de EM/SFC experimentan. Científicos brasileños reportaron que el CBD tiene «fuertes efectos similares a los ansiolíticos y los antidepresivos» y «potencial terapéutico respecto de una amplia gama de trastornos no psiquiátricos y psiquiátricos, tales como la ansiedad, depresión y psicosis». Esta valoración coincide con testimonios anecdóticos de personas que utilizan productos de CBD que están ampliamente disponibles en comercios de cannabis con licencia estatal y en otros lugares a través de medios no regulados.

Hay muchas afirmaciones acerca de la utilidad del CBD como una ayuda para dormir, pero la ciencia es menos clara. Varios estudios en animales y algunos estudios en seres humanos sugieren que las propiedades del CBD que alivian la ansiedad podrían ayudar a mejorar la capacidad de conciliar el sueño, así como la calidad del mismo. En un estudio, la administración de una dosis generosa de CBD (160 mg/día) incrementó el tiempo total de sueño y disminuyó el número de interrupciones del mismo durante la noche. No obstante, las dosis bajas de CBD se asociaron a un incremento en la vigilia, destacando el efecto bifásico del CBD, el cual depende de la dosis.

También se ha mostrado que el cannabis rico en THC ayuda con el sueño, con algunas salvedades. En una reseña bibliográfica del 2017 relativa a «cannabis, cannabinoides y sueño», se descubrió que el THC ayuda a los pacientes a conciliar el sueño. Sin embargo, el THC también puede causar somnolencia diurna, y puede desarrollarse tolerancia al THC, lo cual lo vuelve menos efectivo. La reseña destaca que el THC combinado con el CBD en una proporción del 1:1 ha sido asociado a mejoras en el sueño entre pacientes con afecciones de dolor crónico. Esta acción conjunta sinérgica de cannabinoides procedentes de plantas puede mitigar el dolor y el insomnio, al mismo tiempo que reduce los efectos intoxicantes del THC.

 

UN ACTO DE EQUILIBRIO DE POR VIDA

 

El THC, el CBD y otros componentes del cannabis otorgan efectos terapéuticos al interactuar con aquello a lo que los científicos se refieren como el «sistema endocannabinoide». Una función esencial de este sistema es mantener la homeostasis, un estado de equilibrio dinámico que mantiene todo funcionando adecuadamente. La gente con EM/SFC son la antítesis viviente de la homeostasis: sus procesos biológicos se han vuelto locos.

Si mezclamos lo que sabemos sobre la fisiopatología de la EM/SFC con nuestro entendimiento presente de la terapia con cannabis, un tema dominante emerge: la EM/SFC es una enfermedad que implica un desequilibrio total del cuerpo, y el cannabis es un mecanismo biológico de equilibrio con el potencial para tratar diversos síntomas de manera simultánea. Para muchos de nosotros, que ya habíamos abandonado la esperanza de vivir una vida normal, es como si el cannabis estuviera hecho a la medida para nuestros trastornos. Para los enfermos crónicos, una pequeña esperanza es una ayuda muy grande.

Han sido casi quince años desde que me derribó una misteriosa enfermedad. Hoy en día estoy funcionando casi al 80 por ciento de mi capacidad fisiológica, y eso se siente como la remisión para mí. Manejo mi salud consumiendo una dieta sobre todo a base de plantas, con ejercicio, reducción del estrés, algunos suplementos, y una dosificación diaria con una tintura rica en CBD, con el consumo ocasional de cannabis rico en THC por las noches.

No afirmaré que el cannabis ha curado por completo mi EM/SFC, pero sí diré que, como parte de un protocolo de curación más amplio, me ha ayudado inmensamente. Apenas puedo pensar más en mi diagnóstico. Hay otros misterios de los cuales tengo curiosidad y estoy ocupada desentrañándolos. Pero mientras tanto, estoy floreciendo.

Para más información sobre la EM/SFC, incluyendo cómo tratarla con cannabis:

Health Rising: Finding Answers for ME/SFC and FM 

Melinda Misuraca es una escritora colaboradora de Project CBD con una vida pasada como una agricultora de la vieja escuela, especializada en variedades ricas en CBD. Sus artículos han aparecido en High Times, Alternet y en diversas otras publicaciones.

Copyright, Project CBD. No puede reimprimirse sin permiso.

Fecha de revisión:

11 de diciembre de 2019

 

 

Traducido de: https://www.projectcbd.org/medicine/cannabis-and-chronic-fatigue-syndrome